6/7/09

EXALTACION


Bruce R. McConkie

El matrimo­nio celestial es la entrada a la exaltación, y ésta consiste en la continua­ción de la unidad familiar en la eter­nidad. Exaltación es vida eterna, la clase de vida que vive Dios. Los que la obtienen reciben una herencia en el más alto de los tres cielos dentro del reino celestial.
Tiene aumento eterno, una conti­nuación de su simiente para siempre jamás, una continuación de las vi­das, vidas eternas; es decir, tienen hijos espirituales en la resurrección, y en relación a sus hijos estarán en la misma posición que estamos noso­tros respecto a Dios, nuestro Padre. A su debido tiempo heredan la ple­nitud de la gloria del Padre, lo que quiere decir que tienen todo poder en los cielos y en la tierra. (D. Y C. 76:50‑60; 93:1‑40.) "Entonces serán dioses, porque no tienen fin; por consiguiente existirán de eternidad en eternidad, porque continúan, en­tonces están sobre todo, porque to­das las cosas les están sujetas. En­tonces serán dioses, porque tienen todo poder, y los ángeles están suje­tos a ellos." (D. Y C. 132:16‑26; Doc­trina de Salvación, vol. 2, pág. 40‑46.) Aunque la salvación puede ser defi­nida de varias formas para querer decir muchas cosas, su definición más pura y perfecta es, que es sinó­nimo de exaltación.
Esta fue la forma en que la usó el Profeta cuando nos dejó la siguiente explicación inspirada: "¿Dónde en­contraremos un prototipo a cuya imagen podamos ser asimilados, pa­ra que podamos ser partícipes de vi­da y salvación? en otras palabras, ¿dónde encontraremos un ser salva­do? porque si podemos hallar un ser salvado, entonces podremos saber, sin mucha dificultad, como deben ser los otros para ser salvos.
Pensamos que no sería un asunto para discutir si dos personas que no son semejantes no pueden ser sal­vas: porque lo que constituye la sal­vación para una será la salvación de todas las criaturas que sean salvas; y si en toda la existencia podemos ha­llar un ser salvado, podremos saber lo que otros deben ser; de otra ma­nera no podrán ser salvos.
"Preguntamos, entonces ¿dónde está ese prototipo? o ¿dónde está ese ser salvado? Concluimos como respues­ta a esa pregunta, no habrá disputa entre los que creen en la Biblia que es Cristo: todos estarán de acuerdo con esto, que él es el prototipo o norma de salvación; o en otras pala­bras, que él es el "ser salvado".
Y si continuáramos nuestras pre­guntas de cómo es que él es salvo, la respuesta sería ‑porque él es un ser justo y santo; y si fuera de alguna otra manera, distinto de lo que es, no sería salvo; porque su salvación depende justamente en lo que es y nada más; porque si fuera posible que cambiara, en un mínimo grado, no obtendría su salvación y perdería todo su dominio, poder, autoridad y gloria, que es salvación; porque la salvación consiste en la gloria, auto­ridad, majestad, poder y dominio que posee Jehová, y en nada más; y nadie la puede poseer salvo él mis­mo u otro como él." Después de ci­tar varios pasajes de las escrituras, los registros de las enseñanzas del Profeta continúan: "Estas enseñan­zas del Salvador nos muestran muy claramente la naturaleza de la salva­ción, y lo que propuso a la familia humana cuando les ofreció salvar­los ‑ él ofreció hacerlos como él es, y él es como el Padre, el gran prototi­po de todos los seres salvados; y cualquier porción de la familia humana que sea asimilada a su seme­janza, será salva; y el no ser como ellos hará que sean destruidos; y so­bre esta bisagra es que gira la puerta de la salvación." (Discursos sobre la Fe, pág. 63‑67.)
-Doctrina Mormona-

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