6/7/09

EVANGELIO DE JESUCRISTO

Bruce R. McConkie
El evangelio de Jesucristo es el plan de salvación. Abarca todas las leyes, principios, doctrinas, ritos, ordenanzas, actos, poderes, autoridades y llaves necesarios para salvar y exaltar a los hombres en el más alto cielo del más allá. Es el convenio de salvación que hace el Señor con los hombres sobre la tierra. Literalmente, evangelio sig­nifica buenas nuevas de Dios o la Historia de Dios. Son las buenas nuevas concernientes a Cristo, su ex­piación, el establecimiento de su rei­no sobre la tierra y una posible he­rencia futura en su presencia celes­tial.
"Y este es el evangelio," registró el Profeta por vía de revelación, "las buenas nuevas, que la voz de los cie­los nos testificó. Que vino al mundo, si, Jesús, para ser crucificado por el mundo y llevar los pecados del mundo, y para santificarlo y lim­piarlo de toda injusticia; para que por él pudiesen ser salvos todos aquellos a quienes el Padre había puesto en su poder y hecho por él." (D. Y C. 76:40‑42.) En su ministerio entre los nefitas después de su resu­rrección nuestro Señor proclamó: "He aquí, os he dado mi evangelio, y éste es el evangelio que os he da­do; que vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió. Y mi Padre me en­vió para que fuese levantado en la cruz, y que después de ser levanta­do sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hom­bres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas; y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hom­bres para que sean juzgados según sus obras.
¡Y sucederá que cualquiera que se arrepienta y se bautice en mi nombre, será lleno; y si persevera hasta el fin he aquí, yo le tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo. Y aquel que no persevera hasta el fin, éste es el que también es cortado y echado en el fuego, de donde nun­ca más puede volver, por motivo de la justicia del Padre. Y ésta es la pa­labra que él ha dado a los hijos de los hombres; y por esta razón él cumple las palabras que ha dado; y no miente, sino que cumple todas sus palabras. Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi san­gre, mediante su fe, el arrepenti­miento de todos sus pecados y su fi­delidad hasta el fin. Y éste es el mandamiento: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y ve­nid a mí y sed bautizados en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día podáis presentaros ante mí sin mancha. En verdad, en verdad os digo que éste es mi evangelio." (3 Ne. 27:13‑21; D. Y C. 39:5‑6.) En sentido más amplio, todas las verdades son parte del evangelio; pues toda verdad es co­nocida, ordenada por la Deidad y proviene de ella; y toda verdad ayu­da al progreso y avance. Pero en el sentido altamente espiritual en que se usa la palabra en las revelaciones, el evangelio tiene que ver con todas las verdades religiosas por medio de las cuales los hombres se pueden santificar y limpiar sus propias al­mas, alcanzando de esta manera la salvación en los mundos eternos. Primeramente, las verdades del evangelio se hicieron conocer a los hombres en la preexistencia y el progreso alcanzado allí fue logrado por medio de la obediencia a los mismos. Comenzando con Adán, el primer hombre, el Todopoderoso ha dado al hombre, de tiempo en tiem­po, dispensaciones del evangelio. En las revelaciones se ha hablado de dos evangelios, según lo ha requeri­do la ocasión; uno es la plenitud del evangelio eterno (Apo. 14:6; D. Y C. 14:10), y el otro es el evangelio pre­paratorio (D. Y C. 84:26‑27.)
La plenitud del evangelio son las leyes, doctrinas, ordenanzas, pode­res y autoridad necesarios para que el hombre pueda alcanzar la pleni­tud de la salvación. Los que tienen la plenitud del evangelio no disfru­tan necesariamente de la plenitud del conocimiento del evangelio ni comprenden todas las doctrinas del plan de salvación. Pero sí tienen la plenitud del poder del sacerdocio y del sellamiento mediante los cuales los hombres pueden ser sellados a vida eterna. La plenitud del evange­lio surge de la plenitud del poder sellador y no de la plenitud del co­nocimiento del evangelio.
Por otro lado el evangelio prepa­ratorio es una porción menor de las verdades salvadoras del Señor; una parte que prepara a los hombres pa­ra un día futuro en que podrán reci­bir la plenitud del evangelio, por­ción que no es suficiente para sellar a los hombres para vida eterna o pa­ra asegurarles una herencia en el mundo celestial; el evangelio prepa­ratorio "es el evangelio de arrepenti­miento y de bautismo, y la remisión de pecados, y la ley de los manda­mientos carnales." (D. Y C. 84:27.) Es un sistema del evangelio admi­nistrado por el Sacerdocio menor o Aarónico. Cuando se tiene el poder que permite conferir el Don del Es­píritu Santo, y este poder lo tienen solamente los poseedores del Sacer­docio de Melquisedec, entonces se manifiesta la plenitud del evangelio.
Juan el Bautista administró el evangelio preparatorio; Cristo vino con la plenitud del Sacerdocio de Melquisedec y restauró la plenitud del evangelio. (Juan 1:26‑27; Hechos 19:1‑6.) Nuestras revelaciones dicen que el Libro de Mormón posee la plenitud del evangelio. (D. Y C. 20:9; 27:5; 42:12; 135:3.) Esto es ver­dad ya que el Libro de Mormón es un registro de los tratos de Dios con un pueblo que disfrutó de la pleni­tud del evangelio, por lo que todas las leyes y principios que llevan a la salvación más alta se encuentran re­gistrados en ese libro. En el mismo sentido la Biblia y Doctrina y Con­venios contienen la plenitud del evangelio. Tal como lo expresó el Pres. John Taylor, las escrituras "son simplemente registros, historias, mandamientos, etc. El evangelio es un principio vivo, perdurable, eterno y sin cambio que ha existido jun­to [coevo] con Dios, y existirá siem­pre, mientras haya tiempo y eterni­dad dondequiera se desarrolle y sea manifestada." (Gospel Kingdom, pág. 88.) La plenitud del evangelio no puede ser preservada en la pala­bra escrita. Las escrituras dan testi­monio del evangelio, pero el evan­gelio mismo consiste en el poder del Sacerdocio y la posesión del don del Espíritu Santo. Así como hay falsos maestros, religiones falsas, profetas falsos y falsos Cristos, también hay evangelios falsos. Pablo proclamó que todos los que predicaban un evangelio que no había sido recibido "por revelación de Jesucristo sea anatema." (Gál. 1:6‑12.) En el verda­dero evangelio se encuentran siem­pre las revelaciones, visiones, mila­gros, señales, apóstoles, profetas y todos los dones del Espíritu y cuan­do los identificamos habremos halla­do el evangelio verdadero. (Marcos 16:14‑20.) Donde se encuentren estas señales está el evangelio de Cristo; donde no se hallen estas señales, no está el evangelio de Cristo. "Y si es que la iglesia está edificada sobre mi evangelio, entonces el Padre mani­festará sus propias obras en ella. Pe­ro si no está edificada sobre mi evangelio, y está fundada en los he­chos de los hombres, o en las obras del diablo, de cierto os digo que go­zarán de su obra por un tiempo, y de aquí a poco viene el fin, y son cortados y echados al fuego, de don­de no se vuelve." (3 Ne. 27:10‑11.) El evangelio verdadero de Jesucristo ha sido restaurado sobre la tierra en los últimos días a través de José Smith. Se encuentra únicamente en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.
-Doctrina Mormona-

No hay comentarios:

Publicar un comentario